Las Edades del Hombre en Soria. La recuperación y puesta en valor del Patrimionio Histórico Artístico en España

Este artículo fue publicado en el Diario de Soria-El Mundo, el día 28 de julio de 2009, p. 2.

Mi agradecimiento al Diario de Soria-El Mundo, y a mi querido amigo Miguel Moreno Moreno, Cronista Oficial de Soria, Agreda, Navaleno y San Pedro Manrique


El pasado día 18 de julio, es decir, dos días después de la festividad de Nuestra Señora del Carmen, con motivo de los actos que efectúa la Congregación de la Virgen del Carmen de Carabanchel en Madrid, de la que me honro ser Miembro de Honor y socio de número, y de la que es su Presidente Antonio Sánchez Molledo –además de Cronista Oficial de Malanquilla (Zaragoza)–, partimos en excursión facultativa hacia Soria con la idea de disfrutar del periplo histórico que sobre las Edades del Hombre se celebra
este año.

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  1. Es la tierra de Soria árida y fría.
    Por las colinas y las sierras calvas,
    verdes pradillos, cerros cenicientos,
    la primavera pasa
    dejando entre las hierbas olorosas
    sus diminutas margaritas blancas.

    La tierra no revive, el campo sueña.
    Al empezar abril está nevada
    la espalda del Moncayo;
    el caminante lleva en su bufanda
    envueltos cuello y boca, y los pastores
    pasan cubiertos con sus luengas capas.

    II

    Las tierras labrantías,
    como retazos de estameñas pardas,
    el huertecillo, el abejar, los trozos
    de verde obscuro en que el merino pasta,
    entre plomizos peñascales, siembran
    el sueño alegre de infantil Arcadia.

    En los chopos lejanos del camino,
    parecen humear las yertas ramas
    como un glauco vapor ?las nuevas hojas?
    y en las quiebras de valles y barrancas
    blanquean los zarzales florecidos,
    y brotan las violetas perfumadas.

    III

    Es el campo undulado, y los caminos
    ya ocultan los viajeros que cabalgan
    en pardos borriquillos,
    ya al fondo de la tarde arrebolada
    elevan las plebeyas figurillas,
    que el lienzo de oro del ocaso manchan.

    Mas si trepáis a un cerro y veis el campo
    desde los picos donde habita el águila,
    son tornasoles de carmín y acero,
    llanos plomizos, lomas plateadas,
    circuidos por montes de violeta,
    con las cumbres de nieve sonrosado.

    IV

    ¡Las figuras del campo sobre el cielo!

    Dos lentos bueyes aran
    en un alcor, cuando el otoño empieza,
    y entre las negras testas doblegadas
    bajo el pesado yugo,
    pende un cesto de juncos y retama,
    que es la cuna de un niño;

    y tras la yunta marcha
    un hombre que se inclina hacia la tierra,
    y una mujer que en las abiertas zanjas
    arroja la semilla.

    Bajo una nube de carmín y llama,
    en el oro fluido y verdinoso
    del poniente, las sombras se agigantan.

    V

    La nieve. En el mesón al campo abierto
    se ve el hogar donde la leña humea
    y la olla al hervir borbollonea.

    El cierzo corre por el campo yerto,
    alborotando en blancos torbellinos
    la nieve silenciosa.

    La nieve sobre el campo y los caminos,
    cayendo está como sobre una fosa.

    Un viejo acurrucado tiembla y tose
    cerca del fuego; su mechón de lana
    la vieja hila, y una niña cose
    verde ribete a su estameña grana.

    Padres los viejos son de un arriero
    que caminó sobre la blanca tierra,
    y una noche perdió ruta y sendero,
    y se enterró en las nieves de la sierra.

    En torno al fuego hay un lugar vacío
    y en la frente del viejo, de hosco ceño,
    como un tachón sombrío
    ?tal el golpe de un hacha sobre un leño?.

    La vieja mira al campo, cual si oyera
    pasos sobre la nieve. Nadie pasa.

    Desierta la vecina carretera,
    desierto el campo en torno de la casa.

    La niña piensa que en los verdes prados
    ha de correr con otras doncellitas
    en los días azules y dorados,
    cuando crecen las blancas margaritas.

    VI

    ¡Soria fría, Soria pura,
    cabeza de Extremadura,
    con su castillo guerrero
    arruinado, sobre el Duero;
    con sus murallas roídas
    y sus casas denegridas!

    ¡Muerta ciudad de señores
    soldados o cazadores;
    de portales con escudos
    de cien linajes hidalgos,
    y de famélicos galgos,
    de galgos flacos y agudos,
    que pululan
    por las sórdidas callejas,
    y a la medianoche ululan,
    cuando graznan las cornejas!

    ¡Soria fría! La campana
    de la Audiencia da la una.
    Soria, ciudad castellana
    ¡tan bella! bajo la luna.

    VII

    ¡Colinas plateadas,
    grises alcores, cárdenas roquedas
    por donde traza el Duero
    su curva de ballesta
    en torno a Soria, obscuros encinares,
    ariscos pedregales, calvas sierras,
    caminos blancos y álamos del río,
    tardes de Soria, mística y guerrera,
    hoy siento por vosotros, en el fondo
    del corazón, tristeza,
    tristeza que es amor! ¡Campos de Soria
    donde parece que las rocas sueñan,
    conmigo vais! ¡Colinas plateadas,
    grises alcores, cárdenas roquedas!…

    VIII

    He vuelto a ver los álamos dorados,
    álamos del camino en la ribera
    del Duero, entre San Polo y San Saturio,
    tras las murallas viejas
    de Soria ?barbacana
    hacia Aragón, en castellana tierra?.

    Estos chopos del río, que acompañan
    con el sonido de sus hojas secas
    el son del agua, cuando el viento sopla,
    tienen en sus cortezas
    grabadas iniciales que son nombres
    de enamorados, cifras que son fechas.

    ¡Álamos del amor que ayer tuvisteis
    de ruiseñores vuestras ramas llenas;
    álamos que seréis mañana liras
    del viento perfumado en primavera;
    álamos del amor cerca del agua
    que corre y pasa y sueña,
    álamos de las márgenes del Duero,
    conmigo vais, mi corazón os lleva!

    IX

    ¡Oh, sí! Conmigo vais, campos de Soria,
    tardes tranquilas, montes de violeta,
    alamedas del río, verde sueño
    del suelo gris y de la parda tierra,
    agria melancolía
    de la ciudad decrépita.

    Me habéis llegado al alma,
    ¿o acaso estabais en el fondo de ella?

    ¡Gentes del alto llano numantino
    que a Dios guardáis como cristianas viejas,
    que el sol de España os llene
    de alegría, de luz y de riqueza


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